Decía la voz fémina de la computadora repetidamente mientras se reducía la distancia sin dejar de aumentar la velocidad-
- ¡Maldita máquina! - gritó el capitán con las rodillas rotas y sus brazos ahora desmembrados antes de poder desactivarla.
Y mientras su sangre le abandonaba el cuerpo, pudo ver con claridad y recordar el último mail del comando central en su correo electrónico:
AMOR ROBOTICO: cuidado con este nuevo virus que hace que las naves se creen seres vivientes y busquen pareja hasta chocar.
Por Renzo Corredor
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