Subió con paso lento, como si no quisiera irse, pero ya era hora.
Uno de los sacerdotes le indico con la mano que debía partir.
El sol emergía como un disco de fuego en medio del desierto, diluyendo las sombras de la noche, sus olas de arena infinita se extendían ahora donde antes era una selva.
Las multitudes que se veían desde su estandarte le gritaban con dolor, pero el sabia que su tiempo como faraón había terminado y con él y su linaje debían desaparecer en el tiempo.
Amenhotep con su estatura sobrehumana, ingreso a la pirámide, seguido por un centenar de sacerdotes, mujeres y niños.
Cuando la familia real y el sacerdocio estuvo dentro de la gran pirámide , esta se cerró y empezó a elevarse produciendo un terremoto que hizo gritar a los abandonados que seguían llorando, corrían producto del desespero y el terror.
Hombres, mujeres y niños ahora veían como la nave de su amo se alejaba, para nunca volver.
Por Renzo Corredor

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