-Recordemos que si no fuera por la reina, no habría agua, mucho cuidado con cuestionarla.- grita un pequeño hombre en la plaza del pueblo.
-¿En serio? pues yo la cuestiono, me parece el colmo que dejemos nuestro pueblo para vivir en un árbol gigante de acero-
-¿Así que se oponen a la ley sagrada del árbol, impuesta por nuestra hermosa reina?- le pregunta el hombre mientras desenvaina su espada.
-¡Si y no sólo yo sino todos en mi pueblo!- ahora el hombre que le cuestiona se levanta de su puesto.
La comunidad contra la patrulla enviada por la reina, se desató una batalla entre espadas contra hachas, cuchillos y martillos.
Después de media hora de combate, yacen en el piso los cuerpos sin vida de los soldados y dos ciudadanos.
Tres días después un fuerte ruido despierta a los pueblerinos, es una ola tan grande como una montaña la que se desplaza desde el oriente devorando los arboles como si fueran de juguete, menos el gran árbol de acero que resplandecía en la alta colina.
Por Renzo Corredor
Por Renzo Corredor

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