El tren empezó a aumentar la velocidad, los cactus que antes se podían ver con claridad ahora eran manchas verdes que se difuminaban en el horizonte reseco de aquel desierto infinito al medio día.
Al interior parecías estar en los años veinte, las sillas de madera con sus tocados bellamente decorados y cuadros de mujeres greco-romanas en las divisiones entre cada habitáculo, bordes de oro al mejor estilo art nouveau que bordeaba el cielo bellamente pintado con frescos de verdes paisajes y un fuerte olor a viejo, de un tren sin tripulantes.
Solo estábamos yo y ese hombre alto con su rostro cadavérico que me miraba en ocasiones como si quisiera decirme algo, pero solo estaba allí quieto con su mirada perdida en la ventana.
Solo estábamos yo y ese hombre alto con su rostro cadavérico que me miraba en ocasiones como si quisiera decirme algo, pero solo estaba allí quieto con su mirada perdida en la ventana.
Yo un pasajero mas en ese tren fantasma rumbo a la ciudad de los olvidos, coronada por un volcán que aun sigue activo en medio de un lago efervescente.
Por Renzo Corredor

"es como esos viajes que tienes que hacer en tu mente, para ir a pensar con cabeza fria las cosas"
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