miércoles, 12 de octubre de 2016

Hacienda Carmesí (Tercera Parte)



Estaba sentado en una mecedora vieja de mimbre, que al moverse rechinaba haciéndome doler los dientes, era un hombre regordete y viejo con una barba blanquecina y desordenada, usaba una camiseta blanca esqueleto que delataba su sudor y unos pantalones caqui amarrados por un cinturon de lana, del que colgaba un machete. 

Sus pies con alpargatas hechas de llantas viejas dejaban ver sus uñas gruesas llenas de tierra, un hombre sencillo de tez trigueña, bajo su sombrero unos ojos profundos, negros y pequeños no dejaban de mirarnos haciéndome sentir pequeño. 

jajaja, empezó a reír con carcajadas sonoras y burlonas.
-así que se le metió a la bruja martina, ¡que bruta!... de nada sirvió todo lo que le enseñe, definitivamente las mujeres son tan débiles para estas labores que estoy pensando en no enseñarles mas sobre nuestros trabajos.

¿pero nos va acompañar cierto?- pregunte ansioso.
-esa pobre mujer la dejamos sola en la hacienda hace 3 días para venir a esta lejura para salir con nada-

umm , no se, ¿qué ganaría yo arrancándole de las garras del demonio a una vieja que hace rato perdido la cordura?- nos pregunto con tono acusador.

-podríamos darle el 10% del tesoro- le dije
En esto mi tío me dio un codazo en la barriga y sentí que me sacaba el aire.

¿del tesoro?... ¿cual tesoro? pregunto el viejo mientras encendía un tabaco.
-a ya empiezo a entender… martina no expondría el pellejo por nada, y menos ir a esa maldita hacienda- sonreía mientras fumaba.

-Rumerio acompáñenos, ¿que puede perder? al contrario si logramos que hable ese maldito coronel, usted puede ganar mucho dinero- le propuso mi tío.

-el viejo dejo de mirarnos y siguió fumando su tabaco, mientras botaba el espeso humo y no dejaba de mirar las gallinas que ahora comían el maíz que una joven de curvas pronunciadas le arrojaba, en aquel día caluroso.




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