miércoles, 12 de octubre de 2016

Hacienda Carmesí (segunda parte)



¿Estas aquí? ...¿vamos coronel dime si estas aqui?- pregunto la mujer a la sombra que empezaba a emerger detrás del sillón en la sala.

De repente se sintió como si la hacienda cobrará vida, se cayeron los cuadros y las fotos, estábamos solos con la bruja, que ahora caminaba en círculos con un velón grande y negro en una de sus manos mientras con la otra esparcía un polvo rojizo.

Yo estaba tan asustado que sentía que alguien me tocaba por la nuca, mi tío en cambio estaba maravillado, en sus ojos podía ver la ambición que nunca antes había visto en él.
-¡Pregúntale por el tesoro, donde lo guardo!- gritaba con desespero.

Llevábamos mas de dos horas caminando por toda la hacienda y la escurridiza sombra del fantasma no quería decirnos nada.

De repente la bruja se cayo y quedo quieta frente a la sombra que ahora era gigante en una de las esquinas de la sala.

Una voz ronca emergió de la delgada mujer, parecía la voz de un hombre viejo:
-No les daré nada… no… les daré … nada…. - 

En ese momento ella volteo su mirada  y su cuerpo de una forma extraña, como si ya no fuera ella sino su cuerpo pendiera de unos hilos invisibles que la manejaban a su antojo.

-¿Quieren ver mi tesoro… malditos? jajajaja grito la mujer con voz ronca-

La mujer dio un salto y quedo colgada del techo mientras sus piernas se abrían de forma obscena. Deje de mirarla porque  me sentí incomodo y al voltear me di cuenta que mi tío estaba desmayado, el velón cayo al suelo, corrí presuroso a apagarlo ya que había prendido fuego a las cortinas, y quedamos a oscuras.

En medio de la penumbra se hizo un silencio misterioso, no podía ni ver mis manos, escuche como se descolgaba un bulto contra el piso de madera, desesperado prendí mi linterna y me encontré con el rostro mojado en sudor de la pobre mujer.

-Traiga a Don Rumerio, el solo puede, el solo puede liberarme…y…. salvarles…. la… vida- esa ultima palabra salió con dificultad de su boca como si algo la oprimiera mientras sus ojos quedaron en blanco y su cuerpo catatónico en una posición retorcida empezó a moverse con dificultad hacia la esquina de donde emergió la sombra.

Un frío intenso invadió la sala, mi tío estaba inconsciente en el suelo, lo levante con esfuerzo y lo arrastre fuera de la sala hasta el balcón, las luces de la hacienda prendían y apagaban de forma errática, mientras que afuera reinaba un silencio sepulcral en medio de la noche.

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Por Renzo Corredor

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