Y los días se volvieron años, o eso empece a creer cuando me di cuenta que mi cuerpo ya olía mal, no se si era por las heridas de bala o por que hace rato que no me duchaba.
Y el hombre que me miraba ya se empezó a volver transparente, sus ojos se hundieron en las cuencas y ahora la sonrisa de su calavera limpia como yeso se sigue riendo.
De repente allí estaba, hermosa y silenciosa bajo el sol eterno del medio día, sus torres de cristal en medio del desierto brillaban como diamantes, solo el volcán picudo con sus llamas y una nube negra redonda en la cima las supera.
El tren se detiene y el chillido de los rieles contra la linea férrea me hace estremecer,
..."he llegado porfín”… una voz muy tenue se pronuncia en mi mente.
Por Renzo Corredor

No hay comentarios:
Publicar un comentario